Por: Roger Stone
Sin acobardarse, impasible, inquebrantable, firme en su fe: el expresidente Juan Orlando
Hernández regresó a Honduras el domingo y recibió una bien merecida bienvenida de héroe.
Hernández se reunió con su querida esposa, Ana García, y el resto de su hermosa familia por
primera vez en más de cuatro años. Fue aclamado por seguidores devotos, los conservadores
fieles que nunca creyeron los relatos fantasiosos urdidos por narcos ansiosos de pactar con
fiscales hiperactivos del “Estado profundo” (deep state), quienes no se detendrían ante nada
con tal de colgar un trofeo en su pared para su beneficio personal.
Tras regresar a su patria en Honduras, Juan Orlando Hernández se reúne con su esposa e
hijas.
La historia del juicio amañado contra JOH es el triste relato de cómo narcoterroristas
comunistas, matones del FBI opuestos a Trump, ideólogos de izquierda del Departamento de
Estado, ONG subversivas alimentadas con fondos públicos, propagandistas mediáticos
arrogantes y matones extralimitados de la DEA conspiraron de manera cínica para socavar la
soberanía estadounidense, deshonrar a uno de sus servidores públicos más eficaces y
diligentes, y llevar a una nación al borde de la ruina.
En su momento, JOH fue elogiado de forma bipartidista, tanto por demócratas como por
republicanos, quienes aclamaban su éxito sin precedentes en la interdicción de drogas como
presidente. Sin embargo, terminó ganándose la ira de los demócratas porque fue uno de los
principales promotores del acuerdo de “Tercer País Seguro”, diseñado durante la primera
administración de Trump para mitigar la marea planificada de inmigrantes ilegales que
ingresaban por la frontera sur de Estados Unidos.
Los solicitantes de asilo eran reorientados hacia Honduras, Guatemala y El Salvador en lugar
de ser vertidos en Estados Unidos, donde habrían colapsado el sistema por diseño. La política
fue sumamente exitosa para evitar el ingreso de ilegales a EE. UU., pero convirtió a JOH en un
paria para los demócratas, quienes deseaban desesperadamente fabricar una crisis fronteriza
para achacársela al presidente Trump.
Gilberto Ríos, miembro del partido de extrema izquierda LIBRE y asesor de la sucesora de
JOH, Xiomara Castro, apareció en televisión y admitió un acuerdo de quid pro quo entre la
administración Biden y el incipiente régimen de Xiomara Castro para entregar la cabeza de
JOH en bandeja de plata. Ríos declaró: “Imagínense esa oferta que nos dijeron como Libre:
‘nos vamos a llevar a Juan Orlando’… Esa es una oferta a la que cualquiera dice: ‘¡Sí,
hombre!’… Y cumplieron, se llevaron a Juan Orlando”.
El infernal descenso de Honduras hacia el comunismo comenzó a partir de ahí. Mientras JOH
era sacado a la fuerza de su casa como si fuera Hannibal Lecter frente a las cámaras, el pueblo hondureño quedó sufriendo mientras el Estado profundo de Biden daba sus vueltas de victoria.
La nueva presidenta, Xiomara Castro, demostró ser extraordinariamente corrupta. Conspiró
abiertamente con conocidos narcotraficantes venezolanos, un movimiento que “sorprendió” a la
embajadora de EE. UU. en Honduras bajo la administración Biden.
Una foto de la multitud de seguidores devotos que se reunieron para recibir a JOH tras su
heroico regreso a Honduras.
Para empeorar las cosas, su cuñado, Carlos Zelaya, fue capturado en video negociando
sobornos con dinero del narcotráfico para respaldar las ambiciones políticas de Castro, donde
afirmó que el esposo de Castro, el expresidente Mel Zelaya, recibía directamente sobornos de
narcotraficantes y asesinos. Esto era más evidencia —por mucho— que la presentada en el
juicio farsa contra JOH. En medio del escándalo, Castro anunció que daría por terminado el
tratado de extradición de su país con Estados Unidos, presuntamente para proteger a sus
familiares y compinches vinculados al narcotráfico.
A medida que se acercaban las elecciones nacionales en diciembre pasado, era la última
oportunidad de Honduras para contener la marea creciente del narcoizquierdismo. La
contendiente del Partido LIBRE, Rixi Moncada, una comunista declarada, y el contendiente del
Partido Liberal, Salvador Nasralla, exvicepresidente de Castro antes de desertar, desafiaron al
candidato del Partido Nacional (PNH), Tito Asfura. Las encuestas mostraban un empate técnico
hasta que el presidente Donald Trump decidió intervenir.
“El hombre que defiende la Democracia y lucha contra Maduro es Tito Asfura, el candidato
presidencial del Partido Nacional. El único amigo real de la Libertad en Honduras es Tito
Asfura. Tito y yo podemos trabajar juntos para combatir a los narcocomunistas y llevar la ayuda
necesaria al pueblo de Honduras”, escribió el presidente Trump en una publicación de Truth
Social.
“Su principal oponente es Rixi Moncada, quien dice que Fidel Castro es su ídolo”, añadió
Trump, señalando que “los comunistas están intentando engañar al pueblo al presentar a un
tercer candidato, Salvador Nasralla”, de quien el presidente Trump dijo que “fingía ser
anticomunista con el único propósito de dividir el voto de Asfura”.
Poco después de emitir su respaldo, el presidente Trump hizo un anuncio que sacudiría los
cimientos de la política hondureña y acapararía los titulares en todo el mundo: iba a indultar a
JOH. Al igual que yo, el presidente Trump reconoció que el caso de JOH tenía todas las
marcas de un juicio amañado por el Estado profundo. Hernández fue una clara víctima de
persecución judicial (lawfare) motivada políticamente. La clemencia del presidente Trump para
el expresidente hondureño fue tanto un acto de justicia como un acto de misericordia.
JOH se dirige a una ferviente multitud en un mitin organizado en su honor poco después de
regresar a su patria.
Cuando el presidente Trump anunció el indulto de JOH, la decisión fue considerada
controvertida. Hubo especulaciones infundadas de que podría tener un impacto negativo en las
elecciones hondureñas, con el desacreditado estafador y fraude hinchado Dick Morris actuando
como un detractor particularmente odioso. Sin embargo, nada podría estar más lejos de la
realidad. De hecho, es probable que haya sido el “impulso de JOH” lo que llevó a Asfura a
cruzar la línea de meta por un margen estrechísimo.
Como resultado, Honduras se une al renacimiento de países latinoamericanos que están
adoptando la libertad, tales como El Salvador, Argentina, Paraguay, Colombia, Chile y muchos
otros. Y JOH regresa a casa, pudiendo pasar tiempo con su familia y continuar con el trabajo
de su vida: defender el estado de derecho y difundir la prosperidad del libre mercado entre su
pueblo. La historia de JOH merece ser contada en libros y en la pantalla grande. Este es un
relato de esperanza y triunfo, y de cómo la verdad puede prevalecer incluso cuando el mundo
entero parece empeñado en su supresión.
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