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  • octubre 1, 2026
  • Last Update septiembre 30, 2026 7:29 pm

Cumplimos 205 años de independencia bajo subdesarrollo

Cumplimos 205 años de independencia bajo subdesarrollo

Por: Marcio Sierra

Este 15 de septiembre de 2026 realmente cumplimos 205 años de vida republicana independiente bajo condiciones de atraso o de subdesarrollo. En este sentido, cabe hacernos una pregunta que no podemos evadir: ¿por qué, después de tantos años de vida republicana independiente, Honduras continúa enfrentando problemas estructurales que otras naciones de la región han logrado superar? El hacernos esta pregunta no es con el fin de desconocer que ha habido avances en la construcción de la República, que se ha ampliado relativamente la educación, que tenemos al país mejor interconectado infraestructuralmente, que la economía está más diversificada y que nuestra sociedad es ahora más enrevesada que la existente en 1821. Sin embargo, esos avances se saben que son insuficientes para considerar que hemos producido una transformación amplia y afirmar que las condiciones de vida de la mayoría de los hondureños son satisfactorias.

En Honduras, hoy por hoy, no es tanto la pobreza el problema, sino la persistencia histórica de un patrón de desarrollo que reproduce el atraso. Es cierto que la independencia de 1821 quebró la atadura jurídica que teníamos con la monarquía española, pero ese logro, no ha producido una transformación económica y social beneficiosa para la mayor parte de nuestra población. Más bien al producirse la independencia, se inició el proceso de instauración del patrón de dominación oligárquico que al día de hoy persiste vivo y coleando. En 205 años de vida republicana gran parte de nuestra población, sigue viviendo en áreas rurales supeditados a una agricultura de subsistencia con muy bajos niveles productivos y en las áreas urbanas, existen barrios sumamente pobres, generando formas de sobrevivencia contraproducente para un desarrollo humano seguro y dinámicas económicas prosperas. La buena vida se ha concentrado en grupos relativamente pequeños.

La sociedad hondureña desde 1821 ha cambiado lentamente, porque hemos impulsado un desarrollo incompetente, basado en procesos que benefician solamente los intereses particulares y menos los intereses generales de las mayorías pobres. La realidad es que detrás de la celebración actual de la independencia, existe una paradoja que destaca a Honduras: somos un país formalmente independiente, pero económicamente dependiente y socialmente fragmentado. Seguimos dependiendo de productos primarios, de actividades de baja productividad, de un mercado nacional débil y, hoy por hoy, de remesas familiares que tienden a bajar, porque quienes las producen y las envían al país están en la cuerda floja. Según el Banco Mundial, las remesas representan más de una cuarta parte del PIB, en tanto que la capacidad productiva de Honduras, es endeble y la diversificación económica constreñida. Es penoso decirlo y repetirlo de nuevo, pero según el Banco Mundial, el 47% de la población hondureña se encuentra en situación de pobreza, mientras que la pobreza bajo el umbral de US$ 3 diarios es el 15.3% en 2025. Y más preocupante es todavía saber que nuestros niños nacidos en Honduras, van a alcanzar apenas el 48% de su productividad bajo condiciones de educación completa y plena salud.

 

¿Qué celebramos entonces? ¿Acaso ya tenemos un proyecto nacional de desarrollo consensuado para atacar los problemas de productividad? ¿Estamos impulsando acciones concretas generadoras de empleo de calidad? ¿Estamos invirtiendo en servicios básicos y en la dotación de recursos financieros para lograr procesos económicos productivos en las comunidades rurales abandonadas?

En fin, tenemos que cambiar la historia e impulsar un crecimiento sostenido con políticas productivas y sociales capaces de incorporar a los sectores históricamente excluidos. En 205 años, no hemos logrado cambiar nuestra capacidad histórica para transformar el desarrollo nacional y hacerlo incluyente.

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