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  • octubre 1, 2026
  • Last Update septiembre 30, 2026 7:29 pm

Ah, la patria… Eterna e inocente

Ah, la patria… Eterna e inocente

Por: César Indiano

En pocas naciones del mundo ha sobrevivido ese precioso concepto cívico conocido como “patria” y en muchos casos la extinción del concepto condujo a la desaparición casi total de patriotas. Posiblemente mucha de la desesperación social y económica que padecen las naciones provenga de los extravíos políticos e ideológicos que condujeron a los habitantes al repudio infundado de su propia nación. Patria significa “La tierra de los padres”.

 

De ahí, que, ante el más pequeño de los estímulos la gente es capaz de arrojar todo tipo de maldiciones, condenas y pestes contra el país donde uno nació. Nunca faltan colegas y compatriotas que describen a su propio país como atrasado, tercermundista, analfabeta, ignorante y fracasado. Y lo más curioso es que estas descalificaciones nacen, crecen y se reproducen en la boca de ciudadanos que sí tendrían razones para estar agradecidos con la patria, en gente que siempre recibió por parte de Honduras buenas oportunidades, agradables consideraciones, bonitos patrimonios, excelentes empleos e inclusive prebendas importantes en materia de becas, casas, regalías, cargos y servicios gratuitos.

 

Existe, ciertamente, la corrupción, el saqueo y el vandalismo administrativo, pero, esas cosas no son obra de la patria ni acciones delictivas llevadas a cabo por el país, esas son prácticas egoístas que sólo se pueden ejecutar cuando se juntan varios ciudadanos que conspiran contra la propia nación que los vio nacer, que no honran a su propio país y que por lo tanto no desean verlo ni próspero ni bello.

 

Y esta actitud despreciativa, reforzada a veces con arrogancia intelectual o motivada por la ignorancia voluntaria, los lleva creer que todos los países son mejores que el nuestro, que todas las naciones son ricas, menos la nuestra y que todo compatriota es mi enemigo mientras no me demuestre lo contrario.

 

De la extinción deliberada de un sentimiento tan simple como “el amor a la patria” se desprende la amargura social, el insulto soez, la migración sin sentido, el egocentrismo laboral, la injuria mediática, la descalificación del otro y el desinterés casi total por conocer a fondo la admirable historia cívica que dio comienzo con Francisco Morazán y don José Cecilio del Valle en 1821.

 

Una pregunta sencilla que todos podríamos hacernos es ¿por qué Honduras nunca volvió a tener hombres de la catadura de nuestros héroes nacionales? simple, porque aquellos hombres eran patriotas, creían que la nación era primero, que enaltecerla era un deber, que cuidarla era una profesión y que desarrollarla era la obligación suprema de todo ciudadano de bien.

Nunca salieron de sus labios frases desdeñosas como “somos lo peor” “somos un pueblo ignorante” o “sólo que nos mataran chiquitos”; ellos, a diferencia de nosotros, miraban con asombro la espesura de nuestros pinares, con embeleso el azul esmeralda de nuestros mares y se maravillaban ante los talentos, virtudes y sentimientos de cada conciudadano. Murieron creyendo – ciegamente – en que nosotros seríamos mejores en el futuro.

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