CHTV-TELEVISIÓN
  • octubre 1, 2026
  • Last Update septiembre 30, 2026 7:29 pm

Recibir Deportados o Recuperar Ciudadanos

Recibir Deportados o Recuperar Ciudadanos

Durante muchos años, Honduras tuvo una extraordinaria política social que, paradójicamente, no fue diseñada desde Tegucigalpa.

La construyeron los hondureños que se fueron.

Hombres y mujeres que dejaron sus familias, cruzaron fronteras, aprendieron otros oficios, trabajaron jornadas interminables y comenzaron, religiosamente, a enviar una parte de lo que ganaban a sus casas.

Esas remesas pagaron alimentos, medicamentos, estudios, alquileres, construcción de viviendas y pequeños emprendimientos.

También sostuvieron consumo.

Y el consumo sostuvo buena parte de la economía.

Por eso, cuando hablamos de la finalización del TPS para los hondureños en Estados Unidos, sería un gravísimo error reducir la discusión exclusivamente a un asunto migratorio.

Estamos hablando también de economía. De empleo. De estabilidad social. De política exterior. Y, fundamentalmente, de familias.

Los números son demasiado contundentes como para mirar hacia otro lado.

Durante 2025, las remesas familiares representaron aproximadamente el 30% del Producto Interno Bruto hondureño.

Casi un tercio de su economía.

Y más del 98% de esas remesas provinieron de los Estados Unidos.

Entonces hagámonos una pregunta bastante sencilla:

¿Qué ocurriría si una parte importante de ese flujo comenzara a disminuir?

A)- Menor ingreso para miles de familias.

B)- Menor consumo.

C)- Menor actividad comercial.

D)- Menor circulación de dólares.

E)- Mayor presión sobre el empleo.

Y eventualmente, algo todavía más paradójico: nuevas razones para que otros hondureños quieran emigrar.

Un círculo vicioso perfecto. Muy humildemente, yo propongo:

No discutir con Washington. Negociar con Washington.

Estados Unidos tiene absoluta soberanía para determinar su política migratoria.

Honduras debe entenderlo.

Pero entenderlo no significa permanecer inmóvil.

La diplomacia moderna no consiste solamente en enviar notas, expresar preocupación o solicitar reuniones.

Consiste en poner propuestas sobre la mesa.

Por eso creo que el Gobierno de Honduras debería impulsar inmediatamente una mesa bilateral de alto nivel con Estados Unidos.

Cancillería, Secretaría de Trabajo, sector privado hondureño, autoridades migratorias estadounidenses y representantes de la diáspora deberían comenzar a construir alternativas.

No necesariamente para pedir simplemente que vuelva el TPS.

Tal vez llegó el momento de pensar algo más inteligente.

Por qué no negociar mecanismos de regularización para hondureños con décadas de residencia, empleo formal, pago de impuestos y ausencia de antecedentes penales?

Por qué no ampliar programas de visas temporales de trabajo?

Por qué no crear acuerdos sectoriales para agricultura, construcción, hotelería, servicios y otras actividades donde existe demanda laboral estadounidense?

Por qué no establecer mecanismos de migración circular, ordenada y documentada?

Estados Unidos necesita trabajadores.

Honduras necesita oportunidades.

Allí existe un punto de encuentro.

La buena política exterior consiste precisamente en encontrar esos puntos.

Pero Honduras también tiene tarea en casa.

No se debería pretender que toda la solución venga de Washington.

Si eventualmente miles de hondureños regresan al país, voluntaria o forzosamente, no pueden encontrarse con un escritorio de Migración, un sello en el pasaporte y un “bienvenido a Honduras”.

Eso no es una política pública.

Hay que construir desde ahora un Programa Nacional de Retorno Productivo.

Un mecanismo que permita identificar qué sabe hacer cada hondureño que regresa.

Porque quien pasó veinte años trabajando en Estados Unidos no regresa solamente con una maleta.

Regresa con conocimientos.

Con experiencia.

Con cultura laboral.

Con contactos.

Y muchas veces con algún capital.

Honduras debería convertir todo eso en desarrollo.

Propongo:

Beneficios fiscales temporales para quienes regresen e inviertan.

Créditos blandos para emprendimientos.

Facilidades para importar herramientas y bienes productivos.

Ventanillas rápidas para constituir empresas.

Programas especiales de vivienda.

Reconocimiento y certificación de competencias laborales adquiridas en Estados Unidos.

Y acompañamiento para insertar a esas personas en sectores productivos hondureños.

No hay que recibir deportados. Hay que recuperar ciudadanos.

La diferencia conceptual es enorme.

Y existe otra oportunidad que Honduras todavía no termina de comprender.

Durante décadas, los hondureños miraron las remesas; fundamentalmente, como dinero para consumo.

Deberían comenzar a verlas también, como capital para inversión.

Si la diáspora hondureña moviliza semejante cantidad de recursos todos los años, ¿por qué Honduras no desarrolla instrumentos financieros específicos para ella?

Bonos de la diáspora.

Fondos de inversión.

Programas de vivienda.

Financiamiento para pequeñas y medianas empresas.

Proyectos municipales.

Infraestructura.

Emprendimientos productivos.

Que una parte del dinero enviado por los hondureños deje de ser solamente supervivencia familiar y pueda transformarse, voluntariamente, en patrimonio y desarrollo.

Hay que gobernar antes de que llegue el problema.

Esta es, quizás, la discusión más importante.

Los Estados serios no comienzan a pensar cuando la crisis ya llegó.

Se anticipan.

Honduras conoce desde hace tiempo la enorme dependencia que tiene de las remesas.

Por eso, esta coyuntura; debería transformarse en una oportunidad para revisar profundamente la verdadera relación con la diáspora.

Los hondureños que viven en Estados Unidos no pueden ser importantes solamente cuando envían dólares.

Son parte de Honduras.

Son una extensión económica, cultural y humana del país.

Y deberían ser también parte de la estrategia de desarrollo.

La finalización del TPS puede representar un golpe importante.

O puede obligar, finalmente, a construir una verdadera política de Estado sobre migración y diáspora.

Dependerá de los hondureños.

Yo elegiría, ( muy humildemente ); el segundo camino.

Sentaría inmediatamente a Honduras con Estados Unidos para negociar.

Pero simultáneamente comenzaría a preparar Honduras para recibir, invertir, emplear y aprovechar el enorme capital humano que eventualmente pueda regresar.

Porque gobernar no consiste solamente en administrar lo que ocurre.

Gobernar también es anticiparse a lo que puede ocurrir.

Y este es uno de esos momentos.

Estados Unidos está tomando decisiones pensando, ( como corresponde ); en los intereses de Estados Unidos.

Ahora le corresponde a Honduras hacer exactamente lo mismo.

Con inteligencia.

Sin discursos incendiarios.

Sin buscar culpables.

Sin ideologizar un problema que fundamentalmente necesita soluciones.

Porque cuando cerca de un tercio de la economía está relacionado con el esfuerzo de sus compatriotas en el exterior, defender a la diáspora no es solamente política migratoria.

Es defender a Honduras.

 

Lic. Juan Carlos Jara

Politólogo y Consultor Político Internacional

Arquitecto Institucional y Estratega de Gobierno

 

 

JC 16 de Agosto de 2026

 

 

Related Articles